Permanecen dormidas hasta que una persona o animal activa su mecanismo de detonación. Las minas antipersonal no pueden distinguir entre la pisada de un soldado o la de un niño.
Aquellos que sobreviven la explosión inicial suelen requerir amputaciones, largas permanencias en hospitales, y extensos períodos de rehabilitación.
Sólo en Camboya
hay más de 35.000 heridos que han sufrido amputaciones debido a su
encuentro con minas antipersonales Y se trata sólo de sobrevivientes.